sábado, 8 de noviembre de 2014

1947

[Ciudad de] México [ 1947]

Ah, si cada vez que pasas pudiera detenerte y platicar contigo. ¡Verte de cerca, escucharte reír! Quiero aprender tu risa como he aprendido ya tu andar y tu mirada. (El conato de tu mirada, pura aproximación a tus ojos, porque jamás me miras.)

Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti.

¿Por qué eres tan hermosa? ¿Te acunaron en versos? ¿Leche de flor bebiste? ¿Quién te modeló sobre mi corazón, quién te tatuó sobre mis ojos?

Apareces en mi vida, de repente, como coronando un ideal, como concretando a todas las mujeres que he deseado, y no puedo dejarte ir, ni puedo detenerte. Te llamo, sí, te llamo y no me escuchas. Desde mi corazón te llamo; arrojo mis ojos a tu paso; trato de alcanzarte con mi silencio, inútilmente. Siempre has sido ligera y fugitiva, ajena e imposible.

Pero no puedes dejar de ser mía en ese instante en que pasas. Te poseo con todos mis anhelos, con todos mis sue­ños, y basta la fugacidad de tu presencia para hacerte mia de mi carne, propiedad de mi alma, habitante de mi dolor y mi esperanza.

Te quiero. Pero te quiero y te deseo; y eres inquietud, dolor, angustia; y muero y nazco todos los días para verte pasar. Y siempre eres la misma, espejismo para mi corazón, distancia y lejanía para mi sed de ti.

No sé hasta dónde me lleve este camino, este difícil camino de tu espera. No sé hasta dónde te persiga mi sangre, hasta dónde se prolongue tu encuentro. Si yo pudiera rogar, te rogaría; si supiera pedir te pediría ; te diría que pronto, que vinieses a mí ahora mismo, que te necesito, que esto es urgente, imprescindible. Pero me he acostumbrado a aguardarte en silencio, deseándote, deseándote nomás; y allí en el fondo de mi alma te espero, íntimamente confo en ti, creo en ti ­porque creo es mi amor, porque sé que no hay amor baldío­, y estoy como si esperara madurar una fruta, como si esperara que cayese un beso, como si esperara florecer un sueño.

Porque te quiero, linda, porque te quiero, amor. Porque eres distinta a todas las mujeres, en tu cuerpo, en tu andar, en lo que eres para mis ojos, en lo que sugieres a mi corazón. Quisiera estar junto a ti, para decir sobre tu oído: te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y repetirlo constantemente, infinitamente, hasta que te cansaras tú de oírlo pero no de pronunciarlo. ¿Cómo marcártelo en un brazo? ¿Cómo sellártelo en la frente? ¿Cómo grabártelo en el corazón?

Escúchalo otra vez: te quiero. Y déjame soñar contigo indefinidamente... ¡Si supieras cómo ya eres mia hasta mi muerte!

domingo, 26 de octubre de 2014

Cartas a Chepita, Poema 1


Josefa como tu nombre, como yo,
quieta agua del silencio,
dime por qué se ha muerto Dios.

Viento.
Lírico misterio.
Quiero quitarte, lirio azul, del corazón.

Josefa como tu nombre, como yo.

Ropa de un verso.
Ciprés. Angustia muda. Tiempo en reposo.
Son. Astro distante. Vacío de amor.

¿Cuántas veces yo, para quererte, he de ser yo?

Esqueletos del recuerdo...
(guardo una flor, un nombre, un beso).
Cicatriz de milagro: ceniza de dolor.

Desde el día de mi muerte, para quererte, estoy.

Viejo sabor de cuento:
llanto de tarde : hoja de invierno.
Es añeja caricia el vino de tu voz.

Ya casi no puede andar mi corazón.

Siento tus manos, siento
sobre mis ojos un líquido silencio,
siento morir la noche, a solas, sin los dos.

Crece en la sombra el viento.

Josefa como tu nombre, como yo,
dime por qué ha nacido Dios.

Jaime
1946